Sílvia Pérez Cruz: “CERCA DE TU CASA es una película comprometida y con ganas de arriesgar”

Foto de portada y vídeos: JOACO BARCALA

Hay algunas personas que son capaces de tocar el alma de los demás. De hacerla brincar. De contagiar emociones puras, intensas. De provocar el llanto pero también la sonrisa y la alegría. Y Sílvia Pérez Cruz (Palafrugell, 1983) tiene ese don. Su forma de contar historias, de transmitirlas, es especial. Única. Te remueve. Y cuentan en su pueblo natal que es así desde que era una niña. “Me gusta poner alma en todo lo que hago”, asegura. Y así es. En el rodaje, cuando comienza a sonar alguno de los temas que ha compuesto, más de uno tenemos que escondernos, avergonzados, a secarnos las lágrimas. Completamente emocionados.

Esta compositora no solo ha creado la banda sonora de CERCA DE TU CASA, sino que es coautora de la película y, además, la protagoniza. Interpreta a Sonia, una mujer fuerte y valiente, a quien las cosas no le van demasiado bien. Pierde su empleo, le quitan su hogar y casi la despojan de su dignidad. Su hija pequeña será la que le dé fuerzas para emprender un viaje emocional en el que aprenderá que no todo está perdido y, lo más importante, que ella no es una fracasada.

Y a pesar de que jamás antes la músico había actuado, le imprime tanta honestidad y verdad a su actuación que provoca un profundo sentimiento de empatía. Pérez Cruz dibuja a una Sonia muy humana, frágil, inteligente, luchadora.

Sílvia Pérez Cruz. Foto: David Ruano

Sílvia Pérez Cruz. Foto: David Ruano

Hace dos años, Eduard Cortés, me llamó y me explicó que quería hacer un proyecto que tratara sobre los desahucios. Me dijo que quería darle una mira diferente y que había pensado en hacer un musical. Entonces, me propuso ser la protagonista. ¡Yo no entendía nada! ¡Pero si yo jamás había actuado! ¿No será mejor que cojas a una actriz? Le pregunté. Pero él me respondió que buscaba a una mujer que cantara con mucha personalidad. Que me necesitaba a mí. Y me ofreció hacer la banda sonora. La verdad es que le costó convencerme de que no le estaba quitando el trabajo a ninguna actriz y que la persona que necesitaba tenía que cantar de una forma similar a la mía.

¿Y qué te hizo acabar de decidir?

Me di cuenta de que era una oportunidad de hacer algo creativo desde muchos ángulos, con mucha libertad. Mezclar diferentes lenguajes artísticos es algo que me atrae mucho ya desde niña y también era un reto para mí intentar darle la vuelta a un género que nunca ha acabado de seducirme del todo, como son los musicales. Y todo esto con la complicidad que tenía desde el primer día con Eduard, su talento, su inteligencia y su empatía me engancharon. Me daba una libertad creativa total y me ponía delante de un reto dándome la oportunidad magnífica de aprender, de abrir una nueva puerta, rodeada de un equipo fantástico… Me hace sentir viva. Sin olvidar la temática de la película, poder ayudar de alguna forma a denunciar el drama de los desahucios tenía mucho valor, tenía sentido por sí mismo. Una película comprometida y con ganas de arriesgar y descubrir a nivel artístico.

Has estado en el proceso de gestación de la película desde el inicio. Y de eso hace ya dos años.

Cuando empezamos no había ni guión. Tan sólo me dieron una escaleta que es lo menos seductor que hay en el mundo. Además, no sabía ni cómo se leía e interpretaba aquello. No sabía qué potencial podía tener. Pero confiaba totalmente en Eduard; siempre ha habido una complicidad especial entre nosotros. Nos entendemos mucho. Y eso que hemos pasado varias crisis con este proyecto, porque ha costado mucho echarlo hacia delante. Ha habido muchos momentos en que parecía que dejaba de ser. Han sido dos años en que hemos trabajado mucho pero ha habido también muchos desencantos.

Hace un año y medio más o menos que estoy componiendo, dándole vueltas a las canciones, viendo cómo crecía el guión, cosas que estaban y que han caído. Todo eso me ha ido muy bien para empaparme de la historia, para entender la emoción del personaje, para pensar qué momentos del film justificaban la aparición de una canción, desde dónde se tenía que cantar, cómo se tenía que tratar el lenguaje.

Las canciones que has compuesto no son sólo una banda sonora, sino que forman parte del guión, se integran en la historia de los personajes.

Primero ellos se reunían, hablaban, me comentaban y le dábamos muchas vueltas. Nuestro objetivo no era hacer un musical al uso, sino que las canciones fueran un lenguaje más para usarlo cuando hiciera falta. Y a partir de ahí trabajar tu sinceridad, qué decir. Tal vez, más que continuar el guión, he hecho una interpretación personal de lo que yo creía que estaban viviendo los personajes en cada momento y desde la poética que yo entendía que podía tener cada persona.

Cada canción es distinta pero todas las he trabajado desde la emoción. Y la última tiene un tono reivindicativo. No quería que todas fuesen un drama. Lo interesante era explorar cómo se sentían estas personas, cuál era su viaje emocional a lo largo de la película. Al final de la historia, para que todo tuviera más contundencia, creía que había que decir algo más crudo. Que la emoción viniera por ver cómo la gente se junta y se ayuda, pero de una manera profunda: se ayudan de verdad. Esa última canción que cierra la película va creciendo. Deja una emoción positiva, un mensaje de que sí se puede.

Foto: Jordi Navarro

Foto: Jordi Navarro

Foto: Jordi Navarro

Foto: Jordi Navarro

¿Cómo ha sido el proceso de creación de estas canciones, algunas de las cuales debían interpretar los actores de la película, que no son cantantes profesionales?

En general, cuando trabajo en un proyecto personal suelo dejar salir mi creatividad y ya está. Aquí, en cambio, mi creatividad tenía que encajar con muchas cosas, desde el guión hasta los personajes, los tipos de voz, de manera que he trabajado de forma distinta. Cuando componía las canciones que cantan los actores en la película, trataba de imaginar cómo quedarían en sus voces, desde dónde lo tenían que hacer, de una forma muy intuitiva porque no lo había hecho nunca antes. Pero he de decir que grabar las voces de los actores ha sido un proceso muy bonito.

¿Por qué?

Primero, porque te permite aprender de las diferencias de cada uno. Y segundo, para reafirmar que lo que de verdad emociona es la verdad. Aunque sea con una inseguridad real, sus voces te permiten transmitir una fragilidad que tiene alma, corazón. Me gusta mucho como ha quedado. Aunque son cinco o seis personas distintas, todas cantan desde el mismo lugar y te acabas percatando que las fragilidades de cada uno no son tan diferentes.

Ellos se estrenan como cantantes y tú, como actriz.

Estoy muy contenta porque eso me ha ayudado mucho a encarar mi parte de actriz. Yo los he ayudado a ellos a cantar y noto que me cuidan, y que me quieren ayudar a mí a interpretar. Cuando nos planteamos que los actores cantaran, en seguida le dije a Eduard que no quería que fueran cantantes profesionales. Porque de esta manera podríamos hacer un musical diferente, que huye de las voces típicas. Son corazones, almas que cantan, voces muy humanas.

¿Ha sido difícil?

Con la edición se pueden corregir muchas imperfecciones, como en el cine supongo. Puedes afinar, poner una cosa en su sitio, escoger lo mejor, pero si le falta alma, yo eso no lo puedo poner. Y ellos le han puesto un alma preciosa a las canciones. Esa es la gran suerte y el gran triunfo.

A algunos les costaba más el ritmo, a otros afinar, o frasear. Cada uno necesitaba una cosa distinta, pero todos cantaban desde una humildad que enamoraba. Y todos comenzaban muy tímidos pero acababan con unas ganas enormes de cantar. ¡La verdad es que lo han hecho de maravilla!

Hay una canción que interpretan sólo las mujeres del film.

Se nos ocurrió hacer la cadena de las mujeres, de las madres. Para mostrar así dos caras de la misma moneda. Mi personaje, Sonia, tiene un instinto de protección hacia su hija. La otra madre es Mercedes, interpretada por Adriana Ozores. Pero es una mujer desencantada. Sonia no se siente protegida por su madre, pero es que a su madre nadie la cuida tampoco. A través de “Verde” [título de la canción] se habla de lo mismo desde dos visiones opuestas. Es una canción más luminosa que la de los hombres, tal vez con un punto infantil. Recuerdo que preparé esta maqueta en casa con mi hija y era bonito escuchar las tres generaciones en una misma canción.

¿Cómo es Sonia, la mujer que interpretas?

Sonia es una mujer reservada, de pocas palabras, a quien la crueldad y la dureza de la situación la hace reaccionar. Le ha tocado vivir un momento muy complicado y lo lleva lo mejor que puede. Es inteligente y me gusta que lo sea, porque no quiero que parezca que esto sólo le pasaba a gente que tal vez no se fijaba en las cosas. No, no, nos la han jugado porque era fácil que nos la jugasen. Está enamorada de un hombre que es un desastre, pero lo quiere de verdad. Ha perdido el trabajo, la han echado de casa y se encuentra viviendo en el piso de sus padres.

Su padre tiene la misma fragilidad que ella y es un poco su soporte. Pero la madre la maltrata psicológicamente, la hace sentir que es una fracasada todo el tiempo. A ella no le queda otra que aguantar como puede. Y quien le da fuerzas es su hija, por la que lucha. Y la que la hace reaccionar.

Fotos: David Ruano

Fotos: David Ruano

Foto: David Ruano

Foto: David Ruano

Foto: David Ruano

Foto: David Ruano

Su hija es también lo que la hace volver a la realidad. Cuando ya no puede más, saca fuerzas de donde no las hay para tirar adelante a la niña. Creo que el viaje emocional que hace Sonia es muy interesante. Se contiene mucho y se expresa a través de las canciones, desde un punto de vista imaginario, no sabe bien bien dónde está cuando canta. Pero desde allí, que es su pensamiento, es cuando ella se habla a sí misma y surge todo. La cabeza le va a mil, pero aguanta.

¿Qué tal llevas tu debut como actriz?

Lo mejor que puedo, una mezcla de miedo y de ganas de dar lo mejor de mí sin tener ni idea de lo que va a pasar. Intentar hacer un trabajo digno y con muchas ganas de escuchar, confiar, dejarme llevar y aprender de todos los grandísimos actores tan generosos con los que tengo la suerte de trabajar.

Y además, ¡bailas!

[Ríe] Me encanta bailar. Es un verdadero lujo estar rodeada de estos fantásticos bailarines. Te da miedo, porque son cosas difíciles que nunca has hecho, pero a la vez disfrutas mucho porque estás rodeada de una calidad tanto artística como humana excepcional. Es cierto que tengo mucha presión, porque no paro. Voy al estudio a editar, grabo, rodamos, y eso se suma al año y medio que llevo preparando los temas, y a los conciertos que doy, que muchas veces implican viajar. Pero este proyecto es como un sueño para mí. Y me parece precioso que Eduard me dé un guión, yo componga una canción y que otra artista, Sol Picó, sea capaz de crear una coreografía con ella. ¡Menuda magia! Tres formas, tres lenguajes para explicar una historia.

Yo pensaba que bailaría un poquito, pero ¡qué va! Que si para arriba, para abajo, pierna para allí, giro para acá…. Al día siguiente tenía unas agujetas terribles. Pero la verdad es que me hacía tanta ilusión ensayar esa coreografía [se rueda a finales de febrero] que ni me encontraba cansada ni nada en el ensayo. Estaba allí, viendo a los bailarines, a Sol, y no paraba de repetirme a mí misma: ‘Disfruta esta experiencia, porque es única y preciosa’.