Ivan Benet: “El cine no debe tener como misión hacer panfletos sino exponer realidades”

De la pecera se escapan algunas notas, golosas, que atraviesan la gruesa puerta del estudio y esbozan una especie de paisaje emocional, intenso. Y el corazón, en vilo. Con ganas de escuchar más. Con el tarareo clavado en la piel. En un extremo, envuelto en cascos y con la mirada emocionada de un niño que monta en bici por primer vez, Ivan Benet (Vic, 1976) entona algunas frases. Sonríe. Repite. Vuelve a repetir, vuelve a sonreír.

Mientras, al otro lado del cristal del estudio de grabación, la compositora y cantante Sílvia Pérez Cruz le va dando indicaciones. Balancea las manos en el aire, marcándole el compás. Con suavidad, con empatía, con suma dulzura. Al terminar, Benet respira, tal vez aliviado. “¡Muy bien!”, le asegura ella y medio en broma le dice que “Se te veía un poco nervioso, ¿puede ser?”. Benet ríe y asiente. Y ella coge la pista que acaban de grabar y la comienza a editar.

Ivan benet. Foto: Joaco Barcala

Foto: Joaco Barcala

 

No es la primera vez que cantas. En Informe per a una acadèmia eras un simio humanizado con dotes de crooner…

Informe per a una acadèmia es un proyecto muy importante para mí, en el que trabajé durante muchísimo tiempo y que estrenamos en el Festival Temporada Alta. Lo hemos estado representando en el Teatre Lliure, de Barcelona, durante meses. Se trata de un monólogo basado en un texto de Kafka que he traducido y adaptado, y en el que… cantaba, sí, en algunos momentos.

 

¿Tu otra vocación?

[Ríe] No, ¡qué va!

Que no, que no, ¡que yo sólo canto con Sílvia!

[La música de “Informe per a una acadèmia” estaba compuesta por la protagonista y coautora de CERCA DE TU CASA, Sílvia Pérez Cruz]

En CERCA DE TU CASA interpretas a Jaime, un policía cuyo trabajo, de la noche a la mañana, pasa a ser el de echar a gente a la calle.

Cuando me ofrecieron hacer este personaje, la verdad es que me gustó mucho porque es muy humano, ni poli bueno, ni poli malo, sino un policía que tiene problemas. Desde hace algún tiempo su trabajo se ha convertido en desalojar a familias de sus hogares, cosa que para él no resulta nada fácil. Y eso le provoca tales contradicciones que tiene que acudir al psicólogo para intentar desahogarse, pero no puede explicarle abiertamente qué le pasa, porque teme que lo puedan despedir si se entera el resto de compañeros del cuerpo de lo que le ocurre. Así es que está como encorsetado.

Además, con su hijo adolescente tiene mala relación, apenas se comunican; el chaval le tira en cara que se dedique a echar a gente de sus casas. Con su exmujer tampoco se entienden. No tiene a nadie. Tal vez solo a una compañera que trabaja con él.

El personaje que interpreto, Jaime, hunde sus raíces en casos reales de policías. Cuando estalla la crisis y muchas familias comienzan a perder su empleo y no pueden hacer frente a la hipoteca, los agentes se encuentran en la tesitura de que les ordenan dejar en la calle a personas porque eso es lo que dice la ley.

 

Foto: David Ruano

Foto: David Ruano

 

La de Jaime es una de las historias que entretejen el film “Cerca de tu casa”, un drama social sobre los desahucios que nos acerca una familia que ha perdido su hogar.

No se tendrían que hacer películas como ésta, porque no deberían producirse situaciones tan duras y crueles como las de los desahucios. El acceso a la vivienda es un derecho básico. Creo que como sociedad deberíamos replantearnos las cosas, preguntarnos qué estamos haciendo. Se salva a los bancos, se da mucho dinero para financiar los intereses de unos pocos, mientras miles de familias están en la calle.

Y creo, aunque suena muy hippie, que es una cuestión de comunidad. Formamos parte de un grupo y nos tenemos que ayudar. Así es al menos como me han educado. Creo, sinceramente, que es un lujo poder hacer una película como ésta, y también una necesidad, un derecho.

La película, no obstante, no es panfletaria, ni mucho menos, porque el cine no debe tener como misión hacer panfletos sino exponer realidades. Y es lo que hacemos, aunque no somos nada tímidos a la hora de exponer la realidad. Se suele decir siempre que la realidad supera la ficción, pero aquí la verdad es que la ficción se le acerca bastante.

Llevas encima de los escenarios desde los tres años de edad. Pocos actores pueden decir eso…

Es cierto. Mis padres eran actores amateurs y desde bien pequeño me hacían interpretar pequeños papeles en las obras de teatro que preparaban. Recuerdo que cuando era pequeño me gustaba mucho, me lo pasaba muy bien, pero curiosamente, ni se me había pasado por la cabeza que me podía dedicar a ello de forma profesional. En el instituto era muy buen estudiante y quería estudiar Traducción e Interpretación, porque me encantan las lenguas.

El mismo día en que fui a Barcelona a realizar las pruebas para entrar en esa carrera, acabé comiendo en casa de una bailarina que estudiaba en el instituto del teatro de Barcelona. La historia es muy peliculera. ¿Quieres que te la cuente?

¡Adelante!

Ese día iba con unas amigas y no sé cómo ni por qué fuimos a parar delante del Instituto del Teatro; una bailarina se había roto una pierna y nosotros la ayudamos a subir a la ambulancia. Y en agradecimiento nos invitó a comer a su casa. Fue entonces cuando nos explicó que estudiaba teatro, y las asignatura que cursaba. Y me fui a casa con un tríptico, porque de esto hace 20 años y no había Internet. Después de mirármelo mucho, le dije a mi madre: ‘necesito 14.000 pesetas para hacer las pruebas’. Me las dio y a la semana siguiente me apunté. Mis padres estaban encantados, los profesores del instituto, en cambio, me aconsejaban que hiciera algo más serio, que era muy buen estudiante como para dedicarme al teatro.

 

Menos mal que no les hiciste caso…

A la que entré en el Instituto vi que aquello era verdaderamente mi pasión. ¡Me fascinaban todas las asignaturas! Y me di cuenta de que era una carrera muy exigente, que requería un compromiso muy bestia si querías aprender.

Has actuado en más de una treintena de obras teatrales, entre ellas “American Buffalo”, “El Quadern Gris”, “Esperant Godot” o “Ricard III”, además de la deliciosa “Informe per a una acadèmia” que protagonizabas y dirigías. En CERCA DE TU CASA debutarás en cine.

Y me hace muchísima ilusión. Porque es, además, una espinita que tenía clavada. Porque es cierto que he hecho mucho teatro, también he participado en series de televisión, pero hasta ahora, aunque lo había intentado, no había podido hacer cine. Por eso, cuando me llegó este proyectó me alegré mucho, pero es que además al leer vi que era muy interesante, con unos personajes muy trabajados, con varias capas y un subtexto muy rico. Estoy muy ilusionado y con ganas de hacerlo. También, confieso, tengo algo de nervios, porque es un medio que no domino, aunque me encanta.

 

Foto: David Ruano

Foto: David Ruano

¿Encaras de forma distinta la manera de preparar un personaje para el cine o para una pieza teatral?

En teatro el personaje va creciendo, es un viaje de la primera a la última función. En cambio, en el cine te lo juegas todo a una bala. Y tienes que clavarla. Por eso creo que es importante confiar en el equipo, en el director, saber escuchar las pistas que te da.

 

¿Te dejan dormir tus personajes por la noche?

No soy de los que se dejan acosar por sus personajes [Ríe] No creo demasiado en ellos. ¿Quién es el personaje? Soy yo, siempre soy yo aunque en cada caso con unas obsesiones muy diferentes. ¿Sabes lo que de verdad sí que quita el sueño? Los proyectos. A veces me despierto a las cuatro de la madrugada con una idea, dándole vueltas a un proyecto en el que estoy trabajando. Y… me gusta. Disfruto mucho de mi oficio y de pensar en él. El problema llega cuando tienes que levantarte al día siguiente a las ocho..